Capítulo 1: Resurgir
El día puede ser demasiado largo para muchas personas. Aunque muchos lleguemos cansados del trabajo siempre hay un tiempo para sentarse a tomar un buen café con algunos biscochos. Y siempre sobra otro pedacito del día para abrir una caja llena de recuerdos pasados, pero no pisados.
Me encuentro dormido sobre la mesa del comedor. A mi alrededor, una taza de café con gotas cecas y un plato con las miguitas de los biscochos, y si, el sueño me venció y son las 3 de la mañana. A penas unas horas me separaran de las 8 – tiempo exacto en el que siempre entro al trabajo.
Una foto en mi mano se destaca del resto, dicha foto me indica que me ha llamado mucho la atención. Pasemos a describirla: un faro tomado en 1995 cuando apenas era un niño expectante de todo lo que podría llegar a venir. Esa foto enmarcada con un mar brillante y espumoso y esas gaviotas que rodeaban el faro y sobrevolaban el mar embravecido.
Siempre viví temiendo al futuro, quizás un poco por la protección familiar que siempre he tenido. Ahora me encuentro solo buscando un faro que me guie hacia lo que todavía no he encontrado. Mi faro está en una isla, aislado del mundo, irradia luz pero nadie la ha visto aun. Quizás deba construir un puente para lograr derribar la soledad.
Me levanto en busca de más café hasta que inesperadamente, desde mi ventana veo a lo lejos, en la gran urbe, un faro que se refleja en el cielo cada vez que realiza un movimiento circular. Me centro en esa luz azulada que pareciera que cada vez se encuentra más cerca. Hasta que un destello muy fuerte me deja sin visión. Cuando recupero mi sobriedad, me encuentro debajo de dicho faro y veo en lo alto un haz de luz que me deja sorprendido.
La vida me estaba regalando nuevamente la sorpresa de ser sorprendido. En otro momento fue con mis padres mientras que ahora estaba solo, crecido, ya no expectante para ser grande pero si esperanzado por un buen mañana…